lunes, 13 de octubre de 2025

Venezuela, la universidad del humor.

 

El Rito Definitivo de la Risa: El Humor como la Última Frontera de la Dignidad

Existe una geografía que no se dibuja con mapas, sino con cicatrices colectivas: es la tierra de lo insostenible. En ese espacio, donde la realidad desafía la lógica y agota el alma, el ser humano tiene dos opciones fundamentales: sucumbir al lamento o levantar un altar al absurdo. El venezolano, como bien se describe, eligió lo segundo, transformando su adversidad en una "universidad" única. Esta no es una universidad de ladrillos, sino de ingenio; su plan de estudios no se encuentra en libros, sino en la fila interminable de la gasolina o bajo el sol del mediodía.


La Filosofía del Re-encuadre

La dificultad  es un peso tangible, una masa oscura que busca adherirse al espíritu y definirlo. Si permitimos que el apagón nos defina, somos la víctima del apagón. Si nos define la escasez, somos el miserable de la escasez. La magia del humor criollo, el chalequeo, es una maniobra de prestidigitación existencial: no niega la falta, sino que la envuelve en una ironía tan aguda que le despoja de su capacidad de paralizar.

Cuando se bromea con que la nevera es ahora un "calentador de alimentos por falta de luz", no se está minimizando la tragedia. Se está haciendo algo mucho más profundo: se está declarando la autonomía de la conciencia. Es el acto de afirmar: "El problema es grave, sí, pero mi capacidad de observarlo es más grande que el problema mismo." El chiste se convierte en un rito de afirmación. Al reírnos, no estamos riéndonos de nuestra pérdida de confort; estamos riéndonos con la dignidad que se niega a ser doblegada por una infraestructura defectuosa. La risa, en este contexto, es la prueba de que el ser humano es, al final, el dueño de su perspectiva, y que la libertad, cuando todo lo demás falta, se refugia en la agudeza del ingenio.


El Alma Creativa de la Sobrevivencia

La parálisis es el gran enemigo del espíritu en tiempos de crisis. La dificultad crónica suele generar un agotamiento que solo invita a la rendición. Es aquí donde el humor venezolano se revela no solo como una defensa psicológica, sino como un motor de vida y creatividad. La no abundancia, en lugar de clausurar la mente, la ha obligado a inaugurar un nuevo taller de soluciones alternas y de crítica mordaz.

La explosión de memes, la ironía veloz, el contraste entre el "bachaqueo" y el bodegón, son las patentes de esta inventiva desbordada. Cada chiste sobre la dificultad es un homenaje a la astucia, un reconocimiento social al que se las ingenia en lugar de solo lamentarse. La mente se entrena para ser más veloz que la melancolía. Aprende que el problema es una pared, pero el chiste es una escalera de cuerda lanzada sobre ella. Se gana la certeza de que el recurso más valioso no es el material, sino la capacidad interna de buscar una rendija, una ruta de escape mental, un atajo cómico para seguir adelante.


La Cohesión en la Fila Infinita

Las circunstancias tristes y difíciles suelen ser tremendamente aislantes. Cada persona tiende a encerrarse en su dolor. Pero el humor, ese lenguaje cifrado que solo entienden quienes comparten la misma tormenta, tiene el poder de forjar lazos inquebrantables.

Cuando dos desconocidos, unidos en la misma penuria, comparten una broma sobre su infortunio, ocurre una alquimia profunda. El chiste se convierte en un acto de empatía instantánea. Es un reconocimiento no verbal que dice: "Sé que estás sufriendo lo mismo que yo, pero somos tan tercos que en lugar de llorar, estamos riéndonos juntos de la adversidad". El "echar broma" en colectivo transforma el aislamiento en pertenencia. Es la demostración de que las grandes tragedias, si se comparten con la ligereza de una sonrisa, son infinitamente más llevaderas. La risa compartida es un muro de contención emocional que refuerza la verdad de que el espíritu humano se sobrepone mejor cuando se siente acompañado y validado.


La Afirmación Final

La risa venezolana, por lo tanto, no es la carcajada hueca de quien ignora el peligro; es la risa seria del que lo ha entendido todo y, aun así, se niega a arrodillarse. Es la última reserva moral.

Es el grito de que el espíritu se ha declarado en huelga contra la carencia material. Es la prueba diaria de que la verdadera riqueza de esta nación no reside en los servicios que se han perdido, sino en la resiliencia y el ingenio que la dificultad ha forzado a desarrollar. El humor es la herramienta que mantiene la cordura y permite el milagro de la continuidad. Es lo que nos permite levantar la vista y decir, con una mezcla de frustración y orgullo inexpresable: "¡Ay, Dios mío! ¡Pero qué país tan arrecho! —Y, sin detenernos, seguir adelante con una sonrisa en los labios."



Luis Herrera.

Ciriki.






sábado, 13 de septiembre de 2025

AREPA ES AREPA!!

Aunque pueda parecer poco trascendente, el campeonato mundial de desayunos... 

La arepa, más que un alimento sencillo, es el corazón de la cultura culinaria venezolana . Su importancia trasciende lo gastronómico para convertirse en un símbolo de la identidad nacional, el gentilicio y la unidad del pueblo venezolano. Este disco de maíz, humilde en su origen pero versátil en su preparación, ha forjado un vínculo inquebrantable entre los venezolanos y su tierra, representando una tradición que se transmite de generación en generación.


El origen y su simbolismo
La historia de la arepa se remonta a las culturas indígenas precolombinas que habitaban el territorio que hoy conocemos como Venezuela. La arepa se elaboraba a partir del maíz, un grano sagrado que era la base de su alimentación y cosmovisión. El proceso de preparación, que implicaba pilar, moler y amasar el maíz para formar la masa, era un ritual que unía a la comunidad. Este legado ancestral es crucial, ya que la arepa no es una invención moderna, sino el resultado de un largo proceso histórico y cultural que ha sido perfeccionado a lo largo de los siglos.

La arepa simboliza la herencia aborigen y la conexión con la tierra. Su simplicidad y pureza reflejan la esencia del campo venezolano, y su capacidad de ser el lienzo para innumerables rellenos representa la diversidad y riqueza del país.

Un Símbolo de Identidad y Resistencia
En un país con una rica diversidad regional , la arepa es un elemento unificador. No importa si eres de los Andes, la costa, los llanos o el oriente, la arepa está presente en cada mesa venezolana. En el desayuno, el almuerzo o la cena, la arepa se adapta a cualquier momento del día, demostrando su versatilidad y su profundo arraigo en la vida cotidiana. La arepa ha trascendido las fronteras geográficas, convirtiéndose en un embajador culinario de Venezuela en el mundo. La popularidad de las "areperas" en ciudades como Miami, Madrid, Bogotá o Buenos Aires es un testimonio del poder de este alimento para conectar a la diáspora venezolana con sus raíces, ofreciéndoles un pedazo de hogar en el extranjero.

La arepa también es un símbolo de resistencia . En tiempos de crisis económica y escasez, la arepa ha sido un sustento fundamental para muchas familias. Su elaboración, que requiere pocos ingredientes (harina de maíz, agua y sal), la convierte en un alimento accesible y económico. Este plato humilde ha demostrado ser un pilar de la resiliencia venezolana, adaptándose a las circunstancias y garantizando la alimentación de la población.

La Arepa como Gentilicio y Patrimonio
El gentilicio venezolano está inextricablemente ligado a la arepa. La frase "más criollo que una arepa" se utiliza para describir a alguien que es genuinamente venezolano en su esencia. La arepa ha inspirado canciones, poemas y obras de arte, y su nombre es sinónimo de Venezuela en muchas partes del mundo.

Además, las variaciones regionales de la arepa son un reflejo de la riqueza cultural del país. La arepa de chicharrón en los Andes, la arepa de huevo en el oriente, la arepa rellena de pabellón en el centro, y la famosa "Reina Pepiada" en Caracas, cada una con su propia historia y sabor, contribuyendo a un patrimonio culinario diverso y vibrante. La arepa no solo es un plato, sino un patrimonio cultural inmaterial que se transmite oralmente a través de las recetas familiares y las tradiciones culinarias.

La arepa entonces es mucho más que un alimento; es un símbolo vivo de la identidad venezolana . Su historia, su omnipresencia en la vida diaria, su capacidad para unir a la gente y su papel como embajadora cultural en el extranjero la convierte en una pieza fundamental del gentilicio y la cultura del país. La arepa representa la esencia del venezolano: sencillo, resiliente y lleno de sabor .

Luis Herrera.
Ciriki.

martes, 27 de octubre de 2020

LAS RASGADAS VESTIDURAS DE LA INACCIÓN

La transitoriedad de la disposición se entiende en el contexto socioeconómico  y político del presente; más la coherencia es un fundamento de convicción que va más allá de lo circunstancial, son las circunstancias propias de lo individual las que alcanzan inevitablemente  lo colectivo incidiendo en la realidad, propiciando así la aparición de paradigmas que atentan contra la sostenibilidad de lo bueno, y por ende necesario. 

En términos de autoconocimiento el hecho de no ver lo dañino, lo no conveniente, lo improductivo y sus recurrentes efectos contrarios a los propósitos declarados, esto es evidencia de una amarga y enfermiza relación que desemboca con fuerte centrifuga en un espiral del que cada vez será más difícil de salir, y cada vez hay menor espacio de maniobra, caldo de cultivo séptico que sostiene el shock, que en sí mismo que amenaza con  detener  los signos propios de la vida.

Así amanece un nuevo periodo con miles de túnicas rotas argumentando compromiso, amor, solidaridad, responsabilidad, simpatía, ser los mejores, ser especiales, ser superiores entre otras expresiones incoherentes refugiadas en la inacción, pretendiendo justificar que en los últimos años no ha existido oportunidad de contribuir en forma alguna con la estabilidad de los signos vitales de aquel organismo que anhela y lucha por salir de la sepsis, donde se focalizan no menos de 5 centros ya en franco compromiso, indicando insistentemente la necesidad de tener que proceder a la extirpación quirúrgica, que aun cuando traumática, difícil y ciertamente riesgosa se hace por demás necesaria. Peor aún se susurra abiertamente frente a agobiado enfermo, lo grave de su condición y lo poco probable de su recuperación, quizás queriendo aliviar la conciencia ante el hecho de que ha sido al menos la inacción,  otro de los elementos que alimenta las adversas circunstancias.

¿Cómo asegurar que algo de lo bueno y necesario persista en el presente y futuro?, ¿Qué juicos favorecerá?, ¿Quién elevara la vista buscando comprender?; vendrá acaso el llanto por la pérdida… seguro un poco de todo, seguramente grandes lágrimas y duraderos lamentos como suele ocurrir cuando argumentado desde la inacción rasgamos inoportuna, inapropiada y sin coherencia nuestras vestiduras.

Luis Herrera.



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lunes, 9 de septiembre de 2019




EL ERROR,  LA  INFORMACION   Y  EL CONOCIMIENTO:
   Aletargados por la cruda  he inmerecida realidad se encuentran, sometidos por la carencia de medios materiales para viabilizar lo elemental  en  los términos  que establece la realidad social del presente, un presente que parece perpetuarse en función de lo tangible, haciendo crecer la brecha  entre el discurso y la realidad misma;  se cuestionan sus capacidades y aptitudes, en términos prácticos ponen en duda sus competencias todo lo que creen entender parece desmoronarse ante la incontenible y aplastante fuerza de la realidad.
   Ésta aplastante he indetenible fuerza continua  alimentando este letargo y a su vez una creciente angustia que se traduce la necesidad de un cada vez  menor margen de maniobra. Se disponen a revisar en profundidad que acciones son necesarias a corto, mediano y largo plazo a los efectos de superar la aguda crisis que los aqueja, así coinciden en que es necesario evaluar los pasos dados y sus resultados, verificar lo bueno y establecer lo malo y erradicarlo, no es posible un error más so pena de perder la vida misma y comienzan el diagnostico de las acciones implementadas, acciones que los conducen prontamente a una evaluación mayor, se descubren acorralados no por las acciones mismas que implementadas desde los fundamentos tecnicojuridicos y contable administrativos debían haber sido acertadas, sino por la intención personal que cada uno en su corazón guardaba, esta se evidencio era un lugar común para todos, más allá de los técnico administrativo, más allá de lo jurídico y lo contable fue apareciendo  la realidad que fundamentaba todas las acciones e inacciones que los condujeron a su ya ahora justificado presente, en el marco del breve pero contundente análisis la prima causa estaba allí a la vista de todos siendo invisible, oída por todos sin que fuese pronunciada por alguien golpeándolos desmedida y brutalmente a todos siendo inmaterial. ¿Cómo nombrar aquello que se alberga en el corazón de todos que aun siendo intangible, invisible, insonoro pero que los lesiona tan grandemente?; el primero dijo malos sentimiento o mal corazón, otro dijo desamor, alguien dijo egoísmo, alguien más propuso falta de compasión, y la lista de propuestas creció sin acuerdo inicial:  irrespeto, incomprensión, avaricia, creían tener claramente identificado el origen de sus errores, mas sin lograr establecer un término que aplicare  a los efectos de nombrarlo correctamente y sin desviaciones que permitieran que siendo causa se confundiese con sus efectos de aquello que inicialmente  los aletarga y los angustia.   Todo eso que se identifica a los efectos de establecerse, debe nombrarse luego de que se percibe y quien incapaz de percibir aquello sin nombre aun, desborda en sus errores y a ese ritmo se somete a sus consecuencias, que entendieron deben ser llamados resultados más que consecuencias…

Utopía del pasado necesidad del presente.



 

    
 
    
    


Utopía del pasado, necesidad del presente.
  
   Decían los abuelos que en las calles San Diego de Alcalá, como se conoce mi pueblo en el estado Carabobo que  las expresiones de buena vecindad eran espontáneas, lo que suponía respeto, honestidad y sinceridad como fundamentos de las relaciones interpersonales que se reflejaban a diario, en todas las actividades, desde el saludo mañanero hasta la despedida afectuosa por las noches entre unos y otros pobladores  del mismo espacio y  sujetos a una misma realidad. De esto dependía la sana y bien valorada convivencia de aquella época ubicada entre 1850 y 1970, aproximadamente. 

  De prácticas simples y efectivas, nuestros tatarabuelos lograron para su tiempo un singular y hoy extraño modo de relacionarse, donde la solidaridad se manifestaba de manera recurrente. Por ejemplo, para la cría de cerdos, si se reconocía en el pueblo que algún vecino tenía un buen verraco  (un cerdo macho o cochino no castrado que se mantenía intacto, reservado para la función reproductora y asegurar, así, que el patio o rebaño se mantendría con la obvia colaboración de las hembras), los demás vecinos acordaban con su dueño el encierro de sus hembras para lograr buenos y numerosos partos y así luego del destete, compartir las crías y favorecer el desarrollo y aumento de la cantidad de animales. 

  Sí!. En aquella época, la cría de animales y la agricultura ocupaban la mayoría del tiempo de los lugareños, ya que el comercio se fundamentaba, principalmente, en el trueque o intercambio de bienes, aun cuando se daban algunas negociaciones con el dinero de la época.

   Igual ocurría con las gallinas. Si algún parroquiano sufría en el patio de su casa o criadero, de alguna enfermedad que diezmara sus aves, no eran pocos los vecinos que ofrecían nuevos pollos para que éste superase su crisis productiva y recuperase sus niveles de producción de aves y huevos lo antes posible. En este caso, el compromiso se sobreentendía de manera recíproca; si algún día, otro vecino se veía afectado por un fenómeno parecido, contaba con su apoyo y asistencia para suplir aquella eventual carencia, lo cual se cumplía invariablemente.

   En cuanto a la agricultura, las extensiones de los conucos o sembradíos  abarcaban  desde el sector el “Trastorno” hasta “el Rincón de los Pavos” y   las “Morochas” pasando previamente pos sectores “Majaguyal”  y el “Ororal”, orientados al Sureste;  hacia el Norte geográfico, se hablaba de “El Polvero”, “El Origen”, “La Luz”, “La Cumaca”; en dirección al  Oeste,  “Sabana en Medio”,  “Monteserino”  y  “Monte Mayor”; y, con orientación Suroeste,  Hacienda “La Caracara”,  entre otros sectores. Más allá de los solares (patios de la casas), con frecuencia, estos conucos  de unos y otros  se entremezclaban; esto, por no existir en aquel entonces barreras físicas que delimitaran las propiedades y, al final, se compartían las cosechas; y aun así, ninguno era capaz de transgredir los límites de sus predios. Y es que se dice también que en los tiempos de  los abuelos,  hasta se evidenciaba algún grado de desapego por lo material; considerándolo parte de  todo aquello que suponían sus pertenencias de relativa importancia si, pero de poca trascendencia; este escaso valor se evidencia al momento del acompañamiento mutuo en los velorios de aquellos que con frecuencia a muy avanzada edad, (casi siempre por encima de los 80 años) se despedían de esta existencia). En esos momentos, se  manifestaban populares expresiones como: “Llegó y se fue con la manos vacías, pero, vivió bien y en paz su vida en la tierra. Dios y la Virgen le permitan en el otro mundo una vida igual” o, “Una vez nos molestamos hasta el día en que me ayudó con los animales cuando se me enfermaron. Q.E.P.D.”

   Ciertamente, la agricultura y la cría de animales eran las actividades que ocupaban la mayor parte del tiempo de casi todos los sandieganos. De manera particular, se dedicaban al cultivo de café, ñame, auyama, yuca, ocumo, frijol y maíz, entre otros rubros. Las faenas respetaban los ciclos naturales de invierno y verano, tanto como los de la luna, para asegurar ser provistos de cosechas sanas y abundantes; de igual manera se tenía cuidado de “ayunar” la noche anterior del contacto íntimo, si se estaba  previsto manipular en siembra, poda y hasta riego alguna planta delicada o sensible a este hecho. De allí, de la cosecha, se desprendían, a su vez, muchas otras faenas o tareas desarrolladas con ingenio y perspicacia por los abuelos en función de conservar los frutos cultivados, en muchos casos, el ñame en fosas. Sí. En fosas excavadas  en los mismos patios que podían aproximarse en sus dimensiones, a los tres por tres metros de superficie por unos ochenta centímetros de profundidad (3 x 3 x 0,80 mts.) y se cubrían con láminas de zinc, paja o tablas para evitar que se mojase donde se almacenaba el tubérculo. Claro, cada cierto tiempo debían (desretoñarse). Es decir, quitarles los retoños (brote de nuevos tallos), tarea que realizaban niños de alrededor de siete años de edad o menos, por ser livianos para evitar dañar el ñame (aplastarlos), y de esta forma, se lograba que los niños se aproximasen a las actividades propias de los adultos de forma divertida y productiva, sin suponer explotación del menor. 

  Por otro lado, el maíz en trojas, que eran unas estructuras improvisadas de al menos cuatro patas, a unos cincuenta centímetros de altura. Sobre estas  patas, se hacía una cama de palos o tablas que, además, se techaba con paja igualmente para evitar que el maíz seco, allí almacenado, se mojase (refieren que algunas trojas quedaban tan fuertemente construidas que funcionaban como camas fuera del periodo de almacenamiento, o ratos de descanso). Pero, hablamos de almacenar el maíz seco que, luego de la primera cosecha o jojoto, debía la planta de maíz doblarse a la mitad de cada tallo, aproximadamente, a un metro de altura. De esta forma, se evitaba que fuesen los pericos y otras aves quienes disfrutaran de la segunda cosecha, tanto como que el agua del invierno dañaran la planta malogrando el fruto, en fin esta despensa (la troja), se servían los antiguos para pilar el maíz con el que se hacían, a su vez deliciosos bollos, hallaquitas y arepas (todos panes con distintas formas, sabores y maneras de cocción elaboradas a base de la harina de maíz). Aquellas arepas se trasladaban para el intercambio comercial en totumas. Estas totumas son recipientes o tazas grandes formadas con las mitades del fruto del taparo, que resulta ser una especie de calabaza de concha muy resistente, sirviendo así para la elaboración de utensilios de cocina como; cucharas, pocillos y totumas o platos hondos por su forma. Imagínate tres hallaquitas por una locha y cinco arepas por un real; pero, antes de estar listas para comérselas; el proceso suponía que  la mazorca de maíz, ya seca, proporcionaba no solo los granos a pilar (moler en pilón o machacar) sino las hojas para envolver la hallaquita en cuestión, para luego de elaborada, ser  cocida la masa de maíz pilado en este envoltorio; la masa  se preparaba a partir del maíz en ese proceso de (pilado), y del pilado se desprendía la concha del grano  formándose el nepe, el cual a su vez se usaba como alimento para los cerdos. Aquello era un ciclo productivo altamente eficiente que permitía aprovechar todo. Hasta la tusa o mazorca, una vez desprovista de los granos de maíz, se asimilaba como leña de rápida combustión para el agua del café o freír un huevo; otros reseñan, incluso, que se usaba como artículo de higiene personal en la época como, por ejemplo, esponja de baño.

   Seguramente, todo lo narrado hoy y vivido por los mayores influye en quienes somos oriundos de San Diego de Alcalá. Muchos tenemos en nuestras memorias y corazones esas grandes lecciones de hermandad, ayuda mutua y sana convivencia; aun cuando existían diferencias y hasta riñas existían. Pero, privaban el respeto y la buena vecindad por encima de aquellas. Igual, hoy, pudiésemos los sandieganos superponer el interés colectivo antes que dejar que priven los puntos de desencuentro, teniendo claro que, al nacer, somos provistos de eso a lo que no se puede renunciar; como lo es  nuestro gentilicio.

   Por otra parte, desde aquellos recuerdos, siempre quedó claro que San Diego de Alcalá,  hoy  Municipio autónomo, ha contado con tres santos patronos: San Diego de Alcalá, muy valorado como agricultor a quien se ofrendan aun hoy, los mejores y más grandes frutos, de los ahora muy pocos conucos que sobreviven a la fecha; Nuestra señora de la Candelaria, que con la luz de una candela o vela, y el niños Jesús en sus manos ilumina la vida del cristiano, al tiempo que propone a su niño como gran iluminador de nuestras conciencia y espíritu;  y San Dieguito, una imagen religiosa de San Diego de Alcalá (el santo patrón principal de menor tamaño) que los pobladores recibieron tiempo después y que, cariñosamente, encarnó en el imaginario colectivo como tercer protector del pueblo desde su creencia religiosa. 


  Así, en mi pueblo, aun en este atribulado presente, se celebran tres fiestas en honor a sus santos: el 2 de febrero, Nuestra Señora de las Candelas; 13 de noviembre San Diego de Alcalá y el 8 de septiembre San Dieguito.

   De allá de aquel utópico pasado a este tiempo, urge que mi pueblo reconozca, rescate y reábrase aquellos valores de antaño. Infiero que, muy probablemente al lograrlo, se reinstauren sus muy benéficos efectos que hoy son tan necesarios. Todo esto lo ambiciono sin desconocer los avances científicos y tecnológicos, el crecimiento demográfico y urbanístico; en fin, el cambio de época. Pero, el hecho es que, de forma recurrente, los sandieganos de hoy asumimos, en conversaciones frecuentes, ahora a cada rato por laas redes sociales que la ausencia de estos valores ha generado una crisis de identidad que atenta con la sostenibilidad del pueblo todo. De alguna manera algunos hoy, promovemos el rescate de su natural y propio civismo.

   En fin, con un incierto mañana en lo que se refiere a la rehumanización de mi pueblo, hoy comparto con quien gentilmente dedica algo de su valioso tiempo a leer mis añoranzas tanto como mis anhelos, deseando que en cada uno de sus pueblos, los valores de antaño de San Diego de Alcalá en el Estado Carabobo de mi país Venezuela sean cosa del día a día, y que sean capaces de reconocerse como iguales integrantes de sus comunidades comprometidos con respetarse, apoyarse de manera solidaria,  llegar a quererse en el más elevado de los sentidos,  y que este amor se refleje en las calles de sus  pueblos.  Creo que no en pocos sitios del planeta, sin distingo de latitudes, de idiomas, de credos religiosos, condiciones socioeconómicas, ni siquiera aun de las preferencias político-ideológicas, todos debemos ser capaces de reconocer que en nuestros espacios de interacción diaria,  (me refiero al trabajo, colegio, congregación religiosa, equipo deportivo, fracción partidista), alguna vez, por algún tiempo, hubo la capacidad de hacer una realidad material esta utopía antes descrita; y es para mí motivo de ocupación que ésta, mi generación,  sea capaz de reconocer y asumir las necesidades y compromisos que el presente demanda. 

  No son pocos los profetas del desastre, no son menos las aves de mal agüero. En casi todos los pueblos, la política se interpreta de manera que poco favorece al aproximarse a estadios utópicos (o al menos existe una gran brecha entre lo que expresa el discurso y lo que la realidad refleja) ..., que le brinden eventualmente  algunas generaciones de sus conciudadanos bellos recuerdos a ser reseñados por la historia oral y escrita, intentando destacar lo hermoso y mágico de aquella utopía del pasado y atenuar así, las necesidades del presente.  


Luis Herrera Siriki.
0424 4582018
ynojosaluis@gmail.com 

Recopilación de cuentos y anécdotas compartidas por  Cirilo Herrera Padre (+), Catalina Flores  Abuela (+), Ramon Meza (tío), Mario Caballero (suegro), Francisco Peña (Cohetón). y resumen de "EL VERRACO DE EDUVIGUEZ" de "EL APRENDIZ".